22 de juliol 2010

reLECTURAS OBLIGATORIAS DE VERANO (II) El descenso



¿Cómo definir la fascinación de los cuentos que conforman este volumen? ¿Cómo explicar en qué consiste su carácter imperecedero? De entre ellos, por encima de todos, el sobresaliente relato "El descenso" que allá por los ultimísimos años del siglo pasado recomendaba apasionadamente la Pilar de la Gralla desde su trinchera librera. ¿Cómo hacerlo? Pues leyendo y apropiándome de las ideas ajenas; por ejemplo las de Rafael Reig que me muestran el camino:

"En principio, para entendernos, una novela es realista
cuando a los personajes les suceden más cosas por fuera que por dentro.
O para
decirlo con precisión: cuando lo que sucede por fuera modifica o determina lo
que sucede por dentro, y no al revés."

Al colombiano Juan Carlos Botero le han sucedido muchas cosas por fuera: amenazas, persecuciones, una madre secuestrada, exilios, ... y a sus personajes también les suceden cosas, sorpresas, imprevistos que les transforman, que les hacen darse cuenta de la fragilidad no ya de la vida sino incluso de lo cotidiano, de lo banal.
En cualquiera de los escenarios de sus cuentos planea siempre una presencia -ominosa, por supuesto- que para bien o para mal va a dejar una impronta a fuego en la vida de sus personajes. Pero sin necesidad de rebuscados artificios, incluso en las vidas más tranquilas una chispa puede desencadenar el infierno. Es el encanto de lo inesperado.


Ejemplo de presencia ominosa.




Para leer "El descenso" es necesario hacerlo en unas condiciones adecuadas; no debe leerse de cualquier manera pues es una lección de vida y merece un tratamiento no vamos a decir respetuoso porque nos quedaríamos cortos sino reverencial:

  1. Debe leerse en pleno verano, verano de calor y no tormentoso.
  2. De noche, mucho mejor si es a altas horas de la madrugada.
  3. En la más estricta soledad, y en silencio, nada de músicas suaves, ni siquiera la de ascensor.
  4. Cerca de una ventana o puerta que asomen a un exterior.
  5. Un sólo punto de luz.
  6. Una bebida fresca -horchatas no, por favor- el Ginger Ale con hielo resulta excelente.
  7. Un buen sofá, en la cama no.
  8. Colocar cerca de uno y boca abajo la fotografía de aquella ex que nos hizo tanto daño cuando nos abandonó.
  9. Finalmente leerlo de un tirón, nada de pausas.






Tener los santos cojones, una vez acabada la lectura, de no darle la vuelta a la foto.




Luego vinieron dos novelas, la infumable "La sentencia" y la irregular pero poderosa en imágenes "El arrecife":

"Sin responder, el hombre corrió la cortina del dormitorio para que la poderosa
luz del Caribe se metiera como un derrumbe de lingotes de oro..."






(Las ventanas y las voces-Juan Carlos Botero; Ediciones B: Barcelona, 1998)


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