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29 de desembre 2008

CAP AL BELL NORD GLAÇAT


Vénen dies de lleure que aprofito per viatjar nord enllà; aïllarme de tot en un petit racó d'una vall perduda enmig de la salvatge Garrotxa. Ha nevat en silenci, com ha de ser. L'endemà, l'aire fred, gairebé metàl·lic, mantenia el paisatge en una quietud com d'imatge congelada.
Ara dormen els menuts vora la llar de foc. Fora, les primeres fosques de la nova vesprada fan que el color blanc agafi uns suaus tons liles.


Per omplir aquests dies, la meva biblioteca portàtil són tres volums ben gruixuts, a saber: "La noia que somiava un llumí i un bidó de gasolina" de Stieg Larsson, "Luz de vísperas" de Mauricio Wiesenthal i "Cartes completes" de Mercè Rodoreda i Joan Sales. Total 2.985 pàgines.


Em llevo d'hora i deixo la taula parada per esmorzar. Un parell d'hores amb Larsson i la seva escriptura nerviosa on no importa tant el cóm sino el què. Una estona a la tarda per a la novel·lassa de Wiesenthal i les seves evocacions colors de lila i blau antic. La fosca de la nit envolta la llum que revel·la, en més d'un sentit, la relació epistolar de la Mercè i en Joan.

Ja fa tres dies que mantinc aquesta rutina llegidora. A veure què passa.


Mira, ara plou.


27 de juliol 2008

LECTURAS OBLIGATORIAS DE VERANO ( y III ) El suplente del suplente



Uno, a lo largo de su vida, va leyendo mucho o poco, acumulando novelas y conformando una biblioteca donde, como si hubiera formado una amplia y numerosa familia, los libros aceptan resignadamente ejercer su papel en ese mundo creado.

Así, acumularemos obras leídas antaño, como si fueran amistades perdidas con el paso del tiempo; clásicos medio leídos, como esos primos a los que ves solamente en momentos de reunión familiar; volúmenes jamás leídos, como parientes lejanos de los que conoces su existencia pero a los que no visitas nunca; ejemplares leídos con el afán de la novedad, como las relaciones entabladas en la vida diaria; ajadas novelas heredadas, como una suerte de antepasados remotos...

Pero, de entre todo eso, también surgen un puñado de libros que formarán parte de tu círculo más íntimo, más exclusivo, que provocaron unas lecturas enardecidas, que suscitaron entusiasmos, inquietudes, debates, fabulaciones donde, en suma, tan placentero es perderse: "El nombre de la Rosa", "El enamorado de la Osa Mayor", "La sombra del viento", "El Mundo de los Prodigios", "La pell freda", ...

¿Podría pertenecer "El suplente del suplente" a esa clase especial de historias en las que los personajes permanecen, girando sin descanso, dentro de la cabeza? Rotundamente sí.

Leía estos días de verano una larga nota del traductor de otra novela y encontré, por azar, en sus palabras la 'clau de volta' para la novela que nos ocupa:

"Es alguien no elegante, pero de vida elegante, simplemente porque en todo momento intenta ser él. Si lo logra o no es otra cosa, pero no hay otro principio que regule su horizonte y ese es su valor y su ejemplo. (...) Un dandy de la vida moderna e industrial. Alguien que al final pierde y huye, pero sin alterar ni un ápice su integridad."

Porque "El suplente..." es una novela elegante y si lo logra o no es otra cosa, pero no hay otro principio que regule su horizonte. Es como si tomáramos las pequeñas historias de Mauricio Wiesenthal para crear con sus personajes, escenarios y atmosferas, un fascinante y cosmopolita novelón.

Tres días de julio en una imaginaria isla turca a finales de los setenta. Calor. Dos escenarios: un elegante yate y un exclusivo hotel. Ambiente lujoso y privilegiado pero, al mismo tiempo, con un cierto aire decadente:







"... El universo donde vivían los personajes de Somerset Maugham, la música de Cole Porter y el silencio de Edward Hopper."

Dos grupos de sólidos personajes principales, y unos maravillosos secundarios, excelentemente bien retratados:

"En sus ojos latía el rescoldo de una antigua arrogancia, una mirada helada, inquisidora, que no reflejaba emoción alguna, como esos montones de nieve resguardados al pie de las fachadas en sombra."

Diálogos inteligentes, enriquecidos, en ocasiones, con divertidas -y crueles- réplicas:

"-Yo te diré lo que es arte: crear ese perfume embriagador que exhala el carburante quemado en los talleres de Detroit... O para que lo entiendas mejor: concebir un producto con un coste de diez dolares para venderlo a cien. ¿Hay algo más creativo que esto?..."

Una exhuberante sinfonía de colores con la que pinta las descripciones: Borgoña, violáceo, granate, turquesa, malva,tonos coral, de cereza o amaranto, índigos, tornasolados, morados, terrosos, calabazas, azules cobalto, rojo pompeyano, tintes rosados, amarillentos, gris perla, rosa ceniza, verdes plateados, sombras azuladas, ... Acompañadas de imágenes elocuentes, de gran fuerza expresiva:

"Bajó a la playa con pasos inseguros, tan lentos que recordaban la marcha de esas legiones romanas que parten cabizbajas hacia el desierto sabiendo de antemano que nunca regresarán."

Ambientes elegantes, distinguidos, donde poder ejercer el arte del 'dolce far niente':

"Era un enorme jardín consagrado al tedio y a la soledad, apto para la lectura y la tranquilidad; y sobre todo era un hotel para dormir, despertar y tras dos deliciosas horas de silencio, dar la bienvenida al sopor con que se anuncia un nuevo sueño todavía más profundo que el anterior."

Escenarios sofisticados que forman parte de un estilo de vida libre, típica de una élite formada por ricos y artistas adinerados: los paseos por La Croisette en Cannes, esquiar en Cortina d´Ampezzo, saborear una copa de Cheval Blanc muy frío cuando el sol se oculta, cómodamente sentado en una terraza de Posintano en la Costa Amalfitana mientras un violinista interpreta La vie en rose.


Y, entre todo esto, un protagonista, un antihéroe, un lánguido personaje que "hacía de sus fracasos un arte" viviendo una historia de amor de coherente final.

Disfrutada todavía más en una segunda lectura, durante la cual, absolutamente fascinado, tomo la firme decisión de crearle un espacio de homenaje. Y eso aunque -poniéndome la venda antes de la herida- la novela adolece de una reescritura que elimine expresiones demasiado ingenuas o toscas en exceso y de que la edición contenga muchas erratas dolorosas para el ojo lector.

¿El autor? Xavier Calicó. Barcelonés y dedicado al mundo de la numismática. Esta es su primera y -que se sepa- única novela.

Quiero más.





(El suplente del suplente - Xavier Calicó; Quatro, Ed. Folio: Barcelona, 2006)


Coda:

Curiosos los paralelismos entre textos de Cortázar y pasajes de esta obra; la historia de las anguilas (pág. 209) es la misma que forma parte de "Prosa del observatorio"; y especialmente inquietante, al menos para mí, fue encontrar el siguiente párrafo (pág. 88):
.
"Sola, en proa, Loreta pensaba en una de las Cícladas, perdida y pequeña, que desde la ventanilla del avión parecía una bola de cristal, en cuya superficie la luz incidía con tal intensidad que producía sordos chillidos en el azul intenso del Egeo."

16 de juliol 2007

¡OTRO MALDITO POST SOBRE VENECIA!


"La mala reputación que habitualmente acompaña a los textos sobre Venecia se puede explicar de distintos modos. Casi todo el mundo que ha estado en ella y que tiene la más mínima relación con la literatura considera su deber anotar lo que ha descubierto. Una frivolidad de este tipo se paga cara (...) Otra cuestión es saber si la propia Venecia es culpable de la copiosa literatura que se le ha consagrado. ¿Qué podría haber hecho para evitarlo?"
(La otra Venecia - Predrag Matvejevic. Pre-Textos)
Hablar de un lugar del que ya se ha hablado demasiado... ¿Y qué?
He pasado un par de meses y me he perdido entre sus abigarrados barrios, estrechas callejuelas y oscuros canales de la mano de varios libros, entre ellos el de Matvejevic donde el maestro en "geopoética" me ha enseñado a ver desde las hierbas y flores que sobreviven entre las piedras hasta la difícil supervivencia de palabras como "canneti" o "barene", pasando por el pan veneciano o las barberías.
Berendt y su "La ciudad de los ángeles caídos" (Mondadori) con un refrescante y vivo retrato de la actual Venecia. Repleta de personajes novelescos pero reales con sus grandezas y con sus miserias. Pintando una ciudad legendaria pero, a ratos, desmitificándola:
"Es triste, pero Venecia ha muerto. Aquí todo gira en torno a la explotación de su cadáver, es la explotación descarada de un cadáver." Nos dice un artista veneciano, valga la redundancia.
Lugar tan lleno de historia que te conecta con algo interno, algo muy fuerte.
Los palacios oscuros y abandonados del Gran Canal.
Las brumas, las neblinas flotando sobre las aguas.
Las listas azules, blancas y rojas de los pilotes.
Las pátinas herrumbrosas vistiendo a la Vieja Dama.
El moho enseñoreándose de infinitas esculturas encastradas en fachadas, dinteles, ventanas y puentes.
Los colores al final del día, rosas y malvas, muriendo en el crepúsculo.
La luz madrugadora del alba dibujando una ciudad nueva sin gente, sólo venecianos.
Solemnidad y silencio callejeando en soledad. Cruzando puentes. Descubriendo ocultos jardines.
Las horas perdidas entre los volúmenes de la librería francesa con la luz de media mañana y las rondas a medianoche por las estanterías de la Librería di Demetra.
Sentado en las escaleras del Ponte Lungo escribiendo con una pluma sobre las páginas cremosas de los amplios y cómodos cuadernos procedentes de la Legatoria Polliero.
"Llegué a Venecia en agosto para pasar seis semanas de vacaciones. Vivía, trabajaba y dormía en mi barcheta casi siempre. (...) La alegría de tener una salud vigorosa, la fuerza física para soportarlo todo animosamente (mejor dicho, alegremente), la actividad mental libre de preocupaciones, el apetito perfectamente voraz, las noches de sueño fácil, delicado, sin soñar (...) Iba a nadar empezando a rayar el alba y terminando después de unos atardeceres que incendiaban la laguna entera con sus luces de amatista y topacio. (...) Navegábamos despacio. Había algo tan sagrado, tan majestuosamente sagrado, en el silencio de la tarde que no quise romperlo siquiera con el suave chapoteo de los remos. El tiempo y el lugar eran míos. No había obligaciones que exigiesen mi atención."
Las hermosas palabras del barón Corvo cuya afamada biografía me acompañó, también, durante el viaje (En busca del barón Corvo - A.J.A. Symons. Libros del Asteroide) encuentran su reverso en su lúgubre muerte en la misma Venecia.
"Me encuentro ocupado en morir, sencillamente. Procuro hacerlo tan lenta y públicamente como sea posible."
También con Wiesenthal y su "Memento en Venecia" (Libro de réquiems. Edhasa) paseando por olvidados palazzos y escondidas piazzas:
"Han pasado muchos años desde que dejé mi casa veneciana, en el río del Duca; pero todavía se conservan, pintadas con mis colores -negro y violeta- las paline donde amarraba cada madrugada mi corbata y mi barca."
Matvejevic nos cuenta que fue advertido por un sabio del Este, cerca de Trieste: "No describas lugares por los que ha pasado mucha gente;ya lo ha hecho alguien antes que tú, y quizá mejor."
Sea pues.